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Una tradición que cuesta plumas

6 julio, 2011

El comercio de loros y guacamayas es un delito común en la capital venezolana a causa de la costumbre de mantener a estas aves como mascotas y de lo lucrativo que resulta su venta

María Gabriela Fernández B.

Son las diez de la mañana de un domingo caraqueño y el sol acalora a quienes realizan sus compras matutinas. Las calles cercanas al Mercado de Quinta Crespo están llenas de alboroto y gritos de ofertas. Dos señoras se pelean por tomar un aguacate maduro, y todo el que pasa pregunta por los precios de los bienes aunque estén escritos en grandes cartones, “uno nunca sabe si le hacen una rebaja”, pensarían.

– Señor ¿en cuánto tiene los plátanos?

– ¿Cómo está el kilo de zanahorias?

– Disculpe ¿tiene besos de coco?

– Señor ¿esos son loros reales?

Un momento… ¿Loros?

Venezuela es el sexto país con mayor variedad de aves en el mundo y, según informes del Museo de Ciencias Naturales de Caracas, posee un aproximado de 1346 especies a lo largo y ancho de su geografía. Plumíferos de todos los tamaños, formas y colores cruzan diariamente el territorio venezolano, algunos surcan el cielo volando, pero otros tantos son transportados en carros y aviones para su venta.

Loro real

La Ley de Protección a la Fauna Silvestre venezolana, vigente desde agosto de 1970, prohíbe la caza indiscriminada, matanza o venta de especies nacionales porque estos actos atentan contra la biodiversidad del país y contra la vida de estos animales. Sin embargo, la venta de loros y guacamayas es común en Venezuela, y gran parte de los ciudadanos observa con normalidad y hasta con agrado tener a estas especies como mascotas. Así, se mantiene un mercado oscuro en el que, por motivos de lucro, abundan los vendedores y, por cuestiones de tradición, se multiplican los clientes.

La vida de las amenazadas

Las guacamayas y loros que hacen vida en Venezuela son reconocidas nacional e internacionalmente por su llamativo plumaje y gracioso comportamiento. Miembros de la misma familia biológica, los Psitácidos, estas aves necesitan de un ambiente tropical y un clima cálido para sobrevivir, con atención a que en esos lugares se produzcan las frutas que integran su alimentación. Las distintas especies que conforman a esta familia se distribuyen de modo desigual en todo el territorio nacional, con énfasis en la Región Oriental, Guayana y Zulia.

Las guacamayas azul y amarilla, roja, barriga roja y tricolor; así como los loros frentirrojos, cariazul, lomirrojo, real y cacique, forman parte de la megadiversa fauna venezolana, jugando un papel importe en su hábitat y ecosistema. Sin embargo, estudios de la fundación venezolana ambientalista Vitalis revelan una disminución paulatina del número de estas especies en el país. Además, son catalogados como animales vulnerables por la alta tendencia a su venta y por la destrucción del hábitat ocasionada por los cazadores, los cuales derrumban nidos y árboles enteros para alcanzar a sus presas.

Jesús Pérez, miembro del equipo de Imparques y cuidador de animales en el Aviario del Parque Miranda (antiguo Parque del Este) explica que estas especies necesitan ciertos requisitos para su reproducción y que, de por si, poseen una baja tasa reproductiva:“En condiciones normales sólo ponen entre 2 o 3 huevos al año”. Además , para que se de la

Guacamayas

reproducción es necesario que las guacamayas se encuentren “en un sitio amplio, donde tengan posibilidad de abrir sus alas.  Debe ser un lugar libre de estrés,  donde no exista el humano invadiendo su espacio o mirándolo, y donde sienta que puede resguardar sus huevos con seguridad, porque son muy celosos con sus huevos”. Por otro lado, un elemento que influye en la reproducción de la especie es que, según Pérez, estas aves son monógamas y sólo se reproducen con la misma  pareja a lo largo de su vida.

La caza indiscriminada de estas especies y la intención de mantenerlas en cautiverio atenta, entonces, contra las características propias de la especie y dificulta su reproducción porque difícilmente las jaulas llegan a ser algún día confortables para ello y, en general, estas aves son separadas de su pareja durante la caza, con lo que se les elimina su posibilidad de reproducirse. De hecho, Pérez indica que, aun cuando la exhibición del Aviario de Parque Miranda es amplia y acondicionada, ninguna de las Guacamayas que ahí residen ha puesto huevos en el último año, una situación alarmante para el parque y para el país.

Y sin embargo, se venden

Después del tráfico clandestino de drogas y armas, el comercio de aves es el negocio ilegal más lucrativo del mundo. A pesar da la cantidad de leyes nacionales e internacionales que lo prohíben, contrabandistas de todos los países realizan esta práctica en función de la cantidad de dinero obtenida. En Caracas, ya es frecuente observar a vendedores ambulantes que se dirigen a lugares concurridos para asegurar el comercio de estas especies. Incluso, es posible identificar a  tiendas de mascotas involucradas en esta práctica delictiva y, más recientemente, a páginas Web en las que abunda la oferta y demanda de fauna silvestre.

Fuente cnn

Pichones de Loros incautados a contrabandista

Entre los casos de locales comerciales involucrados, resalta la situación de la afamada tienda caraqueña Pajarolandia 2000 C.A., cuyos dueños poseen cinco sedes en la capital y a la empresa de comida de animales Kantal. Brayand García, dedicado por muchos años al cuidado de animales y ex trabajador de esta tienda de mascotas, asegura que meses después de su partida del local, en 2005, se enteró de un escándalo en el que estuvieron involucradas Pajarolandia 2000 y Kantal, a las cuales se les incautó toda una carga de especies nacionales entre las que resaltaban distintos tipos de guacamayas. “Yo me enteré porque la noticia apareció en el periódico y no lo podía creer. Habían metido aves nacionales junto con algunas internacionales, y las trataron de  pasar por Maiquetía                                                                                                                    con la excusa de una devolución”.

Según señala la noticia, publicada en el periódico Últimas Noticias, las aves fueron capturadas en Tucupita por indígenas contratados por la empresa, y mantenidas en cautiverio en grandes galpones hasta que llegó el momento de su venta. Esta vez el  tráfico se truncó en el aeropuerto, pero se desconoce si previamente hubo algún intento exitoso.

Como uno de los tantos casos en los que se práctica este delito en la actualidad, vale la pena mencionar a la tienda Acuario Centro Plaza, ubicada en este centro comercial de Caracas. Allí, los vendedores prometen conseguir pichones de Loros Reales en menos de una hora al cliente que lo solicite. El precio es de Bs. 1200 por cada ave y, según cree la vendedora, estos pichones son traídos de Guárico.

Por otro lado, las herramientas de la Web son cada vez más utilizadas para la venta de especies nacionales. Tiendas virtuales como Mercado Libre, www.tiendadeloros.net, www.olx.com.ve , www.quebarato.co.ve, www.mundoanuncio.co.ve, entre otras, ofrecen a sus visitantes la posibilidad de comprar aves silvestres venezolanas y, en especial, loros y guacamayas.

Esta situación resulta preocupante para la agrupación ambientalista venezolana Audubon, quienes claman por una rápida acción legal contra estos vendedores y denuncian: “MercadoLibre se ha convertido hoy día en el principal medio electrónico para la venta  ilegal de fauna silvestre y exótica en nuestro país”.

Todo está en la demanda

La mayoría de los venezolanos posee o ha conocido a algún amigo o familiar que tenga o haya tenido a un loro como mascota y, en menor número, a una guacamaya. Estos animales juguetones y habladores, coloridos y hermosos, han adornado los hogares de un gran número de ciudadanos que, también en su mayoría, desconocen lo ilegal de esta posesión y los daños que acarrea para el animal estar recluido en una jaula de forma indefinida.

Los problemas para estas aves no vienen sólo con las dificultades para la reproducción, sino también en el estrés causado por el encierro, el cual suele manifestarse con la caída de las plumas,  comportamiento violento, rompimiento de las alas, adormecimiento y, en ocasiones, la muerte.

Tras su experiencia en el cuidado de animales, Jesús Pérez lamenta esta situación y comenta: “Muchas familias venezolanas tienen a estas aves como mascotas y están dispuestas a pagar mucho dinero por mantener esa tradición. Es ilegal tener a un animal silvestre en casa, es mejor que las especies estén en su hábitat, pero las personas no les prestan atención a esto y las siguen comprando porque les parece normal tenerlas como mascota y, mientas más gente compra, más gente quiere vender”.

Una mujer que prefirió resguardar su nombre, aseguró que posee un loro como mascota porque éste le proporciona alegría a su hogar y compañía cuando se encuentra sola, y que, para ella, es muy divertido enseñarle palabras y escucharle cantar canciones. Reveló que adquirió al animal como tradición de la familia y que es el segundo loro al que le brinda cuidados. Rafael (el loro) no se ha reproducido hasta el momento, se encuentra cada día más callado y, en ocasiones, se quita algunas de sus plumas.

La última campaña educativa realizada por la Fundación Vitalis estuvo titulada “Tu casa no es su casa”. Esta iniciativa, estaba orientada a hacer públicas las razones por las cuales era necesario evitar la compra la de aves silvestres como mascotas, haciendo énfasis en los problemas de salud que la flora bacteriana de las especies pueden transmitir a los humanos y en los daños irreversibles que esta tradición ocasiona a la supervivencia de toda una familia biológica.

Material informativo de la organización ambientalista venezolana Provita estima: “de cada animal comprado como mascotas murieron de 6 a 9 durante la caza y el transporte”. Al tiempo que un trabajo de investigación publicado en la página Web del Museo de Ciencias Naturales de Caracas informa: “guacamayas, con una expectativa de vida de 50 años, hechas para volar, no suelen resistir más de cinco años en promedio metidas en una jaula”.

Para Vitalis, la supervivencia de las especies de loros y guacamayas, la preservación de sus hábitats y hasta el favorable mantenimiento del estado sanitario y legal de los venezolanos depende de la reducción de la demanda de estos animales y de lograr que la tradición de mascotas caraqueña no sea de muerte sino de vida.

Ejemplo de un caso de liberación de un grupo de aves que pretendía ser contrabandeado en Argentina. Se observa que gran parte de los animales fallecieron.

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From → Reportajes

One Comment
  1. ¡Chévere, Marcy! en cuanto pueda le agregaré esos datos para mejorarlo :D
    ¡Saludos!

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